Cómo aumentamos nuestra red de distribución de contenidos en Latinoamérica para responder a una demanda diez veces mayor

DIG-INSIGHT_1to1-in-LATAM-SPANISHDe Kyle Okamoto

Latinoamérica es la última frontera para las redes de distribución de contenidos (CDN, por sus siglas en inglés) en muchos sentidos: las redes aún no han alcanzado su máximo potencial debido a los desafíos a los que se enfrentan, como la falta de infraestructura local y el alto costo de tecnología para empresas. Sin embargo, esto no significa que no hayan tenido un crecimiento importante. En un informe reciente de Global OTT TV and Video Forecasts se estima que para 2021, los ingresos de video de transmisión libre (OTT, por sus siglas en inglés) se triplicarán en la región.

El año entrante, los Juegos Olímpicos de invierno de Pyeongchang se transmitirán en todo el mundo; y algunos meses más tarde, el Mundial de Fútbol, un evento de inmensa popularidad en Latinoamérica, captará toda la atención de los fanáticos de fútbol de todo el mundo. Si nos guiamos por los números, estos eventos generarán una enorme cantidad de audiencia de OTT, tanto en pantallas pequeñas como grandes, en todo el continente. La pregunta que surge es la siguiente: con todos los desafíos a los que se enfrentan las CDN latinoamericanas, ¿los proveedores podrán crecer con la velocidad suficiente para satisfacer a las masas?

Denles lo que quieren

Ya pasaron los días en que la audiencia estaba dispuesta a sentarse frente a la computadora con un tazón de palomitas de maiz y esperar a que se cargue un video. De hecho, también pasaron en gran medida, los días en que dicha audiencia se sentaba frente a un ordenador. Por el contrario, acceden al contenido de video en tablets, smartphones y TV inteligentes y esperan que la conexión esté a la altura de su vida agitada. Esto significa que las CDN deben ofrecer una verdadera experiencia de uno a uno al usuario: el contenido se debe transmitir en alta calidad en muchos dispositivos, debe ser altamente personalizado y debe resultar en una experiencia significativa. Además, las funciones y características deben acompañar a los usuarios de un dispositivo a otro sin interrupciones.

Esta necesidad implica exigencias enormes respecto a la infraestructura que continuarán en una tendencia de aumento. Las conexiones 4G de Latinoamérica aumentaron en un 121%, el doble de la tasa mundial (poco menos de la mitad se encuentra en Brasil).

Estos patrones también se reflejan aquí, en los números de Verizon Digital Media Services. Desde que construimos la red en América del Sur, hace ya tres años, el tráfico aumentó más de diez veces. En el último año, el tráfico de la región aumentó más del doble, y los pronósticos indican que esta tendencia se mantendrá a medida que ampliemos nuestra infraestructura y capacidad.

Los desafíos actuales de Latinoamérica en la milla intermedia y en la última milla

La latencia da lugar al almacenamiento en memoria intermedia o buffering, esa rueda de la muerte giratoria. En Latinoamérica, la latencia se presenta en su mayor medida debido a una infraestructura deficiente en las millas intermedia y última, que controlan los proveedores de servicios de Internet (ISP, por sus siglas en inglés) locales y regionales. Al haber esta infraestructura deficiente, cuando aumenta la demanda, el contenido genera atascos en el ISP local, entonces se crea congestión y los tiempos de entrega son más lentos.

Uno de los mayores desafíos es que el modelo hub-and-spokes (una ubicación centralizada que sirve de centro para una serie de ubicaciones más pequeñas) sencillamente no funciona en Latinoamérica. Por un lado, la topografía del continente no se presta de forma natural para interconectar redes. Los Andes bordean la costa oeste, la Meseta Brasileña baja hacia el este y en el medio se encuentra la Cuenca del río Amazonas.

Otro desafío importante que distingue a esta región de Europa es la dificultad para cruzar fronteras. Hay doce países (y un territorio dependiente) en el continente de América del Sur, y el hecho de que compartan fronteras no significa que quieran interconectar sus redes. Con frecuencia, el contenido que va de un país a otro debe pasar por redes intermediarias que pueden estar tan distantes como en California, Florida, Nueva York o San Pablo. Así, la velocidad disminuye aún más porque la milla intermedia aumenta mucho más.

En toda Latinoamérica, la infraestructura todavía es muy deficiente en comparación con la región de Asia-Pacífico, Europa y los Estados Unidos. Las CDN y los centros de procesamiento de datos consumen grandes cantidades de energía: en algunos lugares, directamente no hay suficiente energía y, en otros, es demasiado cara.

Algunos de estos problemas no ocurren solo en Latinoamérica. Por ejemplo, en África, muchas conexiones de redes deben ir al norte, a Marsella (Francia), y luego volver al continente. Sin embargo, en Latinoamérica, los desafíos se multiplican debido a la topografía complicada y la falta de infraestructura.

Soluciones en su propio territorio

El asunto de la latencia, la deficiencia de la última milla y la escalabilidad es el siguiente: a los consumidores no les importa por qué la conexión es lenta. Exigen ver videos en alta resolución y descargar contenido bajo demanda, sin demoras.

Entonces, ¿cómo escalaremos nuestras redes a fin de responder a la creciente demanda de Latinoamérica? Hay algunas opciones buenas para lidiar con los obstáculos que se presentan. Todas ellas requieren que se trabaje codo con codo con socios de la región.

En algunos lugares, trabajamos con proveedores locales para realizar un pronóstico del crecimiento con mucha antelación; de esta forma, los socios tienen mucho tiempo de ventaja para poder crecer. En otros casos, es mejor desplegar estrategias avanzadas de gestión de tráfico para optimizar las rutas, de modo que los consumidores puedan acceder a contenidos claros en sus dispositivos. Esto implica la automatización de nuestra red para reconocer y evitar las rutas congestionadas antes de que el tiempo de retardo llegue al consumidor.

En algunos casos, la mejor respuesta es tomar una de las transmisiones de un centro congestionado y localizar nuestra infraestructura. Así, no solo se mejora el conjunto de redes troncales de la infraestructura de nuestros socios regionales (la “milla intermedia”), sino que, además, se entrega el servicio al consumidor con mayor velocidad.

Hemos realizado esto en los últimos tiempos en Buenos Aires (Argentina). Frente a los cortes de energía, nuestro socio, un gran proveedor multinacional de servicios de telecomunicaciones, simplemente no poseía la capacidad energética de suplir la demanda y, además, la congestión también era un problema muy grande. Antes, el contenido habría provenido de un centro, por ejemplo, en San Pablo, y esto generaba atascos.

Decidimos construir una ubicación de CDN en una localidad pequeña y tranquila con playa, en los alrededores de la ciudad, para que la zona que rodea a Buenos Aires no dependiera de un centro ubicado en otra parte del continente. Al localizar el contenido y prescindir de las rutas congestionadas, obtuvimos una mejora importante en el rendimiento para nuestros clientes y, a la vez, reforzamos nuestra colaboración con el proveedor de telecomunicaciones.

Con esto, no solo mejoró la experiencia del consumidor, porque ahora puede acceder a contenido de video supernítido, sino que también se redujo la huella energética de manera significativa. Utilizamos una pequeña construcción para la que el socio ya contaba con la energía y trabajamos a fin de que nuestro aporte utilizara la energía con la mayor eficiencia posible. Fue una gran inversión de tiempo y esfuerzo, pero, al final, valió la pena. Desde entonces, hemos desplegado desarrollos similares en Argentina, Chile, Colombia y Perú.

Sin importar el método, los consumidores de Latinoamérica exigen una experiencia de contenido sin interrupciones, optimizada y de uno a uno. Estamos orgullosos de poder responder a esta demanda en todo el continente, junto con la colaboración de nuestros socios.